
ENTENDER EL PASADO ES LA ÚNICA FORMA DE ENTENDER EL PRESENTE
Publicado por Cristian M.
El secuestro de Miguel Ángel Blanco (PP) se produjo el 10 de julio de 1997.
Tras comer con sus padres como un día más, Miguel Ángel Blanco salió de su casa dirección a Eibar, donde le esperaba un cliente a las 15:30 horas. El joven concejal del PP en Ermua (Vizcaya) no llegó a la cita y sus compañeros de trabajo comenzaron temer que algo pudiera haberle pasado.
Tres horas más tarde, la emisora de radio ‘Egin Irratia‘ recibía una llamada telefónica de la banda terrorista ETA en la que informaba del secuestro de un concejal del PP de Ermua y daba un ultimátum al Gobierno de España: si en 48 horas no anunciaba el traslado de todos los presos vascos a Euskadi, Miguel Ángel Blanco moriría.

Los peores augurios se confirmaban, el joven político fue visto por última vez a las 15:30 horas, antes de tomar el tranvía para reincorporarse al trabajo. Nueve días después del rescate del funcionario de prisiones, Ortega Lara por la Guardia Civil, ETA aparecía de nuevo.
El Gobierno de la época (PP) lo tuvo claro desde un principio y aseguró que no cedería al chantaje de ETA. Todos los partidos políticos apoyaron sin reservas la decisión del Ejecutivo, a excepción de Herri Batasuna.
El entonces ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, fue el encargado de dar la noticia a la madre de la víctima, mientras que el padre, ajeno a todo lo que estaba ocurriendo, fue informado por los periodistas que se agolpaban a las puertas de su casa.
Desgraciadamente, el 12 de julio de 1997, el reloj marcó las 16:40h y ETA cumplió su amenaza.
El etarra ‘Txapote’ disparó dos veces, con una pistola Beretta del calibre 22, contra la parte occipital de la cabeza de Miguel Ángel Blanco, en un descampado en el municipio guipuzcoano de Lasarte, concretamente a un km y medio del casco urbano y en las proximidades de San Sebastián, cerca de las antiguas vías de ferrocarril y de un puente. Dos vecinos, alertados por los ladridos de sus perros, encontraron al edil agonizando y maniatado con la cara desfigurada y ensangrentada.
Miguel Ángel Blanco fue trasladado de urgencia al hospital donostiarra de Nuestra Señora de Aranzazu, donde le diagnosticaron un coma neurológico profundo, muerte cerebral.
El personal médico no dismuló su pesimismo ante el estado y el futuro de Miguel Ángel, durante su comparecencia ante los medios. Sólo quedaba esperar. Al conocer la noticia, las manifestaciones de repulsa y actuaciones espontáneas se sucedieron en toda España, en Ermua se prendió fuego a la sede de HB.

Aquel verano de 1997 todo el pueblo español se unió y le plantó cara a una banda de cobardes con pistola, el pueblo dijo BASTA.
Hoy España es un país donde la amenaza terrorista interna ha desaparecido prácticamente del escenario cotidiano. Las nuevas generaciones han crecido sin escoltas, sin coches bomba, sin mirar debajo del vehículo antes de arrancar. Y eso, lejos de ser un problema, es precisamente el éxito de un modelo de Estado que resistió.
Pero ese éxito tiene un riesgo: la desconexión.
Cuando no se conoce el pasado, se pierde la capacidad de interpretar el presente. Y cuando no se entiende cómo operan fenómenos como el terrorismo, su lógica, sus objetivos, sus fases de presión, también se pierde la capacidad de detectarlos o enfrentarlos en el futuro, aunque adopten nuevas formas.
Miguel Ángel Blanco no fue solo una víctima. Es un caso de estudio sobre cómo una organización terrorista utiliza el secuestro, la amenaza pública y la ejecución como instrumentos de guerra psicológica. Y, al mismo tiempo, es el ejemplo de cómo una sociedad puede reaccionar, cerrar filas y desactivar, en parte, ese mecanismo.
Recordar no es un ejercicio emocional únicamente. Es una herramienta de seguridad.
Porque las sociedades que olvidan cómo fueron atacadas, terminan siendo más vulnerables a nuevas formas de presión, radicalización o violencia. Y porque detrás de cada etapa de estabilidad hay siempre una historia previa de conflicto que conviene no simplificar ni blanquear.
La memoria de Miguel Ángel Blanco que queremos hacer patente desde masquepoliciaspain, cumple precisamente esa función: mantener activa la conciencia de que la libertad, la convivencia y el Estado de derecho no son conceptos abstractos, sino estructuras que han tenido que defenderse frente a quienes intentaron destruirlas.
El verdadero riesgo no es que aquello vuelva exactamente igual, es no reconocerlo cuando adopte otra forma.
Entender el pasado es la única forma de entender el presente
Sin respuestas