
RADICALIZACIÓN EXPRÉS EN CATALUÑA: LA NUEVA CARA DEL YIHADISMO
Publicado por Cristian M
El fenómeno del terrorismo yihadista en España, y particularmente en Cataluña, ha experimentado en los últimos años una transformación sustancial que obliga a replantear los esquemas tradicionales de análisis y respuesta operativa.
Lejos del modelo clásico basado en células estructuradas, jerarquizadas y con vínculos orgánicos con organizaciones terroristas internacionales, el escenario actual se caracteriza por la proliferación de individuos auto-radicalizados, con procesos de captación acelerados y desarrollados principalmente en entornos digitales.
Según datos oficiales del Ministerio del Interior, España registró en 2025 cerca de un centenar de detenciones vinculadas al terrorismo yihadista, manteniendo una tendencia sostenida de actividad policial en esta materia.
Cataluña continúa siendo una de las principales áreas de actuación, concentrando un porcentaje significativo de investigaciones, detenciones y operaciones coordinadas por los servicios de información de Policía Nacional, Guardia Civil y Mossos d’Esquadra.
Este incremento cuantitativo no implica necesariamente una mayor capacidad operativa de las estructuras terroristas, sino una evolución del fenómeno hacia formas más accesibles, individualizadas y difíciles de detectar mediante los mecanismos clásicos de inteligencia. En este contexto, el elemento más relevante es el cambio en el perfil del sujeto investigado.
Las investigaciones recientes reflejan un claro rejuvenecimiento del fenómeno, con individuos cada vez más jóvenes, en muchos casos por debajo de los 25 años e incluso menores de edad, que inician procesos de radicalización sin necesidad de contacto físico con estructuras organizadas.
El Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), dependiente del Ministerio del Interior, viene advirtiendo en sus informes anuales sobre la consolidación de la denominada “autorradicalización”, fenómeno por el cual el individuo accede, consume y asimila contenido yihadista de forma autónoma a través de internet.
Este proceso rompe con el modelo tradicional de captación presencial y reduce drásticamente los tiempos necesarios para la consolidación ideológica, generando lo que operativamente se conoce como radicalización exprés.
La dimensión digital se configura así como el principal vector de riesgo. Plataformas abiertas, redes sociales, servicios de mensajería cifrada y entornos de interacción virtual permiten la difusión masiva de propaganda yihadista adaptada a códigos comunicativos contemporáneos. La evolución del mensaje, con el uso de formatos audiovisuales breves, estética juvenil y narrativas emocionalmente intensas, facilita la penetración en perfiles vulnerables, especialmente en jóvenes en proceso de construcción identitaria.
Desde una perspectiva criminológica, este fenómeno se enmarca dentro de los procesos de radicalización online descritos por organismos como el Instituto Español de Estudios Estratégicos, que advierten de la capacidad de internet para actuar como multiplicador de la amenaza.
Uno de los aspectos más relevantes desde el punto de vista operativo es la reducción del tiempo entre el inicio del proceso de radicalización y la potencial materialización de conductas delictivas. Donde anteriormente podían detectarse fases progresivas de captación, adoctrinamiento y preparación, actualmente estas etapas pueden solaparse o desarrollarse en cuestión de semanas. Esto limita la capacidad de intervención temprana si no existen mecanismos de monitorización adecuados en el entorno digital.
La experiencia operativa en Cataluña ha puesto de manifiesto, además, la ineficacia de ciertos indicadores tradicionales de riesgo.

El caso de los atentados de 2017 evidenció que individuos aparentemente integrados, con escolarización normalizada, conocimiento del idioma y arraigo social, pueden desarrollar procesos de radicalización basados en percepciones subjetivas de exclusión o agravio.
Este elemento introduce una variable compleja en la evaluación policial, al desplazar el foco desde factores socioeconómicos objetivos hacia dimensiones psicológicas e identitarias más difíciles de detectar.
En paralelo, el contexto internacional continúa actuando como catalizador. Conflictos en Oriente Medio y otras regiones generan narrativas que son instrumentalizadas por la propaganda yihadista para reforzar discursos victimistas y de confrontación.
No obstante, los servicios de información coinciden en señalar que estos factores no constituyen el origen de la radicalización, sino elementos aceleradores dentro de procesos ya iniciados.
La respuesta policial en España se ha adaptado progresivamente a este nuevo escenario.
Las FFCCSS, en coordinación con los Mossos d’Esquadra en el ámbito de Cataluña, han reforzado los mecanismos de detección temprana, priorizando la identificación de indicadores en fases iniciales.
Este enfoque se apoya en el marco jurídico vigente, que permite la persecución penal de conductas previas a la ejecución de actos terroristas, como el autoadoctrinamiento, la difusión de propaganda o la captación de terceros.
En este sentido, la Audiencia Nacional ha consolidado una línea jurisprudencial que avala la intervención anticipada, permitiendo la neutralización de amenazas antes de su materialización. Este modelo preventivo se ha demostrado eficaz, aunque plantea retos en términos de proporcionalidad y delimitación de conductas punibles en entornos digitales.
No obstante, junto a la eficacia policial, se identifican carencias en el ámbito preventivo. Diversos informes institucionales apuntan a la falta de recursos en programas de intervención comunitaria, educación y detección temprana en entornos vulnerables. La ausencia de una estrategia integral que combine acción policial, intervención social y prevención educativa genera un desequilibrio en la respuesta, trasladando el problema principalmente al ámbito penal.
El escenario actual configura una amenaza caracterizada por su descentralización, imprevisibilidad y facilidad de acceso. La figura del actor individual, con procesos de radicalización acelerados y escasa trazabilidad, se consolida como el principal riesgo para la seguridad pública. En consecuencia, la inteligencia preventiva, especialmente en el entorno digital, se convierte en el elemento clave para la anticipación operativa.
La evolución del yihadismo en Cataluña no implica únicamente una adaptación de los grupos terroristas, sino una transformación del propio fenómeno, que se integra en dinámicas sociales, tecnológicas y comunicativas contemporáneas.
La respuesta eficaz a esta amenaza requiere no solo la consolidación de capacidades policiales y judiciales, sino el desarrollo de estrategias transversales que permitan actuar sobre las causas y no únicamente sobre las consecuencias del proceso de radicalización.
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